La nueva pandemia de coronavirus se ha mostrado como una de las consecuencias causadas por el deterioro de la salud global del planeta. Según Jordi Sunyer, director del Programa Infancia y Medio Ambiente del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), "hemos creado un desequilibrio tan grande en el mundo, que ahora mismo el planeta ya no puede mantener ni garantizar la salud humana". La pérdida de biodiversidad, sumada a los altos índices de contaminación atmosférica, son factores clave para entender el porqué de la propagación y la incidencia de este tipo de virus ahora, en un contexto de globalización total, y no en otras épocas de nuestra historia reciente.
La presencia de virus en la Tierra no es extraña ni nueva. Existen decenas de miles, pero el contacto de la especie humana con ellos es sólo minoritario. El hecho de que se encuentren en ecosistemas remotos y de difícil acceso, ha limitado hasta ahora su interacción con las personas. Una situación que, como señala el activista y biólogo de "Ecologistas en Acción" Jaume Grau, "ha cambiado como consecuencia de la expansión del capitalismo global, que busca ampliar las fronteras extractivas por todo el planeta".
De hecho, es un asunto sobre el que ya alertaban los mismos responsables de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su director general, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró en 2019 que "la amenaza de una pandemia de gripe sigue existiendo". El riesgo de que un nuevo virus de la gripe se propague de los animales a los seres humanos y provoque una pandemia es constante y real. La cuestión no es saber si habrá una nueva pandemia de gripe, sino cuándo ocurrirá".
La realidad actual no es el resultado de un día. Jaume Grau recuerda que "la degradación de la naturaleza hace que las relaciones ecológicas entre especies sean cada vez más simples, aumentando el riesgo y las posibilidades de estar en contacto con virus que desconocemos. Por lo tanto, este efecto de dilución que tiene la biodiversidad, se pierde".

Más allá de la degradación de la biodiversidad como una de las causas de la pandemia actual, la contaminación atmosférica destaca como uno de sus amplificadores.
La activista y bióloga señala como ejemplo a Europa, donde en conjunto "los vertebrados han reducido sus poblaciones en un 60% en los últimos 30 años. En su lugar, ¿qué más? Más humanos y más granjas industriales". Una situación que el propio Grau vincula con "el dogma económico del crecimiento, por el que los gobernantes han ignorado la realidad, han tratado de hacerla a un lado y patear la pelota hacia adelante, conduciéndonos a una carrera suicida hacia el abismo".
Más allá de la degradación de la biodiversidad como una de las causas de la actual pandemia, la contaminación atmosférica destaca como uno de sus amplificadores. Según una investigación del TH Chan de la Universidad de Harvard, "alguien que vive durante décadas en un territorio con altos niveles de contaminación por partículas finas -conocidas como PM10 y PM2,5- tiene 15% más probabilidades de morir de covid-19 que alguien que vive en una región que sólo tiene una unidad menos de dicha contaminación".

El investigador de ISGlobal Jordi Sunyer, que se muestra cauto al respecto, afirma que "todavía no lo sabemos con certeza. Al final, lo que ha ocurrido es que muchos de los casos se dan en situaciones en las que teníamos las mejores condiciones de calidad del aire en décadas". Al mismo tiempo, y hablando de Barcelona, reafirma que "la contaminación aumenta las enfermedades cardiovasculares y es cierto que las personas con enfermedades cardiovasculares tienen un mayor riesgo de mortalidad con los efectos específicos del covid-19".
El estudio de la Universidad de Harvard, que cuenta con un total de más de 3.000 muestras de diferentes regiones de Estados Unidos, sugiere que "la exposición prolongada a la contaminación atmosférica aumenta la vulnerabilidad a experimentar los resultados más graves del covid-19". Una situación extrapolable a la capital catalana y su área metropolitana, donde según los últimos datos del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, se han contabilizado 88.516 casos positivos de covid-19, siendo 84% del total del territorio catalán.
Aunque la densidad de población es otro factor clave, hay que recordar que Barcelona se encuentra entre las ciudades más contaminadas de Europa, con niveles diarios de concentración de dióxido de nitrógeno (NO2) superiores a los recomendados por la Unión Europea, procedentes en su mayoría de los vehículos de transporte privado. Según el informe de 2019 de la Agencia Europea de Medio Ambiente, no debe superarse la media anual de 40 microgramos por metro cúbico, y las cifras de Barcelona superan ampliamente la barrera de los 50.
Jaume Grau: "Tenemos la oportunidad de revertir la crisis ecológica, reconvertir la economía, mejorar la calidad de vida de la sociedad y frenar y detener completamente la pérdida de especies, pero no con el capitalismo verde"
Tras haber marcado sus mínimos históricos de contaminación atmosférica en los duros meses del cierre patronal, a finales de junio la ciudad de Barcelona ya presentaba niveles de polución que se acercaban a los previos al cierre de la actividad económica, pero la movilidad ni siquiera alcanzaba los 70% del total previo al inicio de la pandemia. Mercè Rius, directora general de Calidad Ambiental y Cambio Climático de la Generalitat de Catalunya, dijo entonces que "la fecha que más tememos es el 15 de septiembre. Si el curso escolar se reanuda con cierta normalidad, tendremos escuelas, universidades y gente volviendo al trabajo al mismo tiempo. Si no se utiliza el transporte público por miedo, cosa que empezamos a ver, podríamos encontrarnos con valores superiores a los anteriores a la pandemia".

Al mismo tiempo, Rius destaca que el departamento quiere impulsar un cambio radical en la movilidad, afirmando que "lo que está claro y se ha visto, igual había quien a veces lo dudaba, es que el impacto de la movilidad en la calidad del aire de Barcelona es realmente importante". Aunque, por el contrario, la propia Generalitat, dejó en suspenso al inicio del cierre una de las pocas medidas de control que han puesto en marcha: el impuesto sobre las emisiones de los vehículos antiguos que tenía que entrar en vigor este 2020. El director general de Calidad Ambiental y Cambio Climático alude a que "fue imposible llevar adelante dicha medida debido a la paralización de todo el organigrama provocada por la situación de pandemia".
Parece evidente que el acoso constante a la biodiversidad y la contaminación atmosférica aumentan nuestra vulnerabilidad, lo que no es tan obvio es que se busquen o apliquen soluciones drásticas para cambiar el rumbo. De "Ecologistas en Acción", Jaume Grau afirma que "tenemos la oportunidad de revertir la crisis ecológica, de reconvertir la economía, de mejorar la calidad de vida de la sociedad y de frenar y detener completamente la pérdida de especies, pero no con el capitalismo verde". A lo que añade que "antes que nada, luchamos para que la humanidad siga viviendo en el planeta con calidad de vida y por una cuestión de justicia social". Por tanto, los coches eléctricos, emblema del capitalismo verde, no son la solución, lo que pensamos es que hacen falta cambios mucho más estructurales y que se centren en soluciones de movilidad colectiva y regulaciones que ayuden al consumo local".
Por último, el investigador Jordi Sunyer de ISGlobal insiste al respecto en que "hemos llevado tan al límite la aceleración del planeta que la salud humana ya no puede ser independiente de la salud planetaria". A continuación, y con cierto pesimismo, recuerda que "ahora vemos de nuevo cómo hay dogmas fuertes, como es la economía, y dogmas débiles, como son la ecología, sostenibilidad o salud".
Los cambios, a pesar de la evidente emergencia climática y por tanto sanitaria, parece que no serán inmediatos y sólo llegarán con "los golpes que recibiremos del planeta, no por voluntad política", afirma el biólogo Jaume Grau.
