Los niños, la migración y la necesidad de espacios seguros

Una pregunta relevante cuando se trabaja con niños refugiados es "¿qué significa ser un niño refugiado?". El tema de la infancia y la migración es importante, ya que de los millones de personas obligadas a huir, un gran porcentaje son familias con niños. De hecho, según UNICEF, un tercio de todos los refugiados e inmigrantes que llegan a Europa son niños.

Durante el proceso de migración, muchos de ellos están expuestos a riesgos y dificultades relacionados con la guerra, la violencia, la explotación y los abusos. Además, sufren muchos cambios: el país, la cultura, el idioma, el hogar, el espacio exterior y la escuela se vuelven diferentes de lo que estaban acostumbrados. Como consecuencia, muchos niños viven la primera fase de la migración con confusión y desorientación. Todos estos cambios pueden crear una vulnerabilidad psicológica que a menudo se manifiesta en traumas, disfunciones del desarrollo y dificultades de comunicación y socialización.

Además, crecer en un campo de refugiados significa vivir en un tiempo suspendido, una dimensión de paso en la que se espera a que ocurra algo y que a menudo se caracteriza por la dificultad de desear un futuro mejor, que parece bastante lejano. La infancia es una fase crítica del desarrollo: la forma en que los niños son tratados y criados en las primeras fases de su vida puede tener consecuencias para toda la vida en su salud mental y física, por lo que apoyar su crecimiento de forma justa es importante.

A menudo, incluso los padres tienen dificultades para comprender lo que necesitan los niños y les resulta difícil mediar entre ellos y los nuevos espacios internos y externos en los que viven. Por esta razón, es importante contar con organizaciones externas que ayuden a apoyar el crecimiento de los niños de la mejor manera posible, haciendo de su seguridad una prioridad. Por lo tanto, debe ser una responsabilidad conjunta de la familia y del proveedor de servicios crear las condiciones adecuadas para superar o aliviar estos traumas, trabajando juntos de forma integral.

Esto es lo que hace Open Cultural Center con el apoyo de Amna, una organización asociada dedicada a prestar servicios a las comunidades de refugiados, centrándose en los niños y las mujeres, que suelen ser los grupos más vulnerables. Con el fin de crear un mundo en el que todos puedan determinar su propio futuro, Amna trabaja para mitigar el impacto del trauma en los niños. 

Amna colabora con OCC desde hace tres años, gracias a lo cual podemos trabajar con dos grupos diferentes: uno para niños de 0 a 3 años y otro para niños de 4 a 7 años. La colaboración implica formación específica y sesiones para comprender el enfoque de Amna, así como la recepción de subvenciones además de asesoramiento técnico. El apoyo de esta organización es, por tanto, doble, ya que proporciona tanto orientación basada en el conocimiento, como recursos materiales.

Tratar con niños tan pequeños conlleva una gran responsabilidad y aún más cuando se trata de niños refugiados, debido a su pasado y a los antecedentes traumáticos y violentos que pueden arrastrar. Por ello, el enfoque de Amna se basa en crear espacios seguros donde los niños, junto con sus padres, puedan reunirse y sanar como comunidad. Para romper el ciclo del trauma que puede afectar a las familias de refugiados durante mucho tiempo, la idea es crear un espacio centrado en la familia y la comunidad.

Los niños suelen necesitar algo más que un espacio acogedor donde jugar; también necesitan expresar sus sentimientos y emociones, tanto positivos como negativos, conectar tanto con los adultos como con sus compañeros y descubrir más sobre sí mismos. Esto puede lograrse creando una especie de rutina que proporcione a los niños una sensación de normalidad, en la que puedan empezar a sentirse cómodos y seguros de nuevo. A través de un programa estructurado de juego y aprendizaje, en el que el respeto es el principal pilar a seguir, se proponen y llevan a cabo numerosas actividades, como el juego libre terapéutico, la narración de cuentos, la meditación, el movimiento físico, las actividades de autoexpresión, las manualidades, la pintura y la danza.

OCC se compromete a seguir este enfoque, poniéndolo en práctica en todas las actividades relacionadas con los niños. De este modo, pueden acostumbrarse a una rutina, lo que les permite desarrollar habilidades sociales y creatividad, y aprender a estar presentes en el momento. A través de juegos cooperativos, talleres, manualidades, viajes cortos y cuentos, el objetivo es implicar a los niños, hacerles sentir parte de una comunidad en la que puedan expresarse sin preocupaciones y aliviar el trauma y el estrés que puedan tener debido a sus experiencias pasadas y presentes.

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